No importa el número.
Importa contemplar
el limonero.
(fotografia: Susana Benet)
Buscar en lo cotidiano lo
que de pronto te parece inadvertido y exótico, así como en lo ajeno lo que en
el fondo te resulta familiar.
*
Los arroyos no hacen ruido:
sólo encauzan el silencio por donde pueda fluir.
*
El verdadero objetivo de la
persona sobrepasada por sus obligaciones no debería ser tener tiempo libre,
sino liberarse del tiempo.
*
En el olor a tierra mojada
después del primer chaparrón de finales de agosto el verano ensaya su
despedida, que es también su momento de plenitud.
*
Motas de polvo: universos.
La creación empieza con una sacudida de bayeta,
* * *
(de: En el corazón del bosque - Edit. Cypress - 2021)
(acuarela de portada: JM Benítez Ariza)
El poeta y crítico Álvaro Valverde, ha escrito una reseña sobre "Falsa primavera" en la página El Cuaderno, que comparto aquí.
https://elcuadernodigital.com/2021/04/09/la-rara-flor-de-la-alegria/
LA ÚLTIMA HOJA
La última hoja
del árbol
se congeló en el aire
como mariposa.
Nunca tocó la tierra.
De tu boca brotó
la última flor
del otoño.
Nunca llegó el invierno
a nuestra cama.
Saboreamos el fruto del castaño
sin pincharnos.
(de: Constancia - Bajamar Editores, 2021)
(acuarela: Susana Benet)
Hoy recibo este link con una reseña de Jesús Montiel sobre mis haikus (publicada en El Debate). Se lo agradezco. Una bonita sorpresa que comparto.
https://eldebatedehoy.es/noticia/cultura/28/03/2021/los-objetos-florecen/
Copio el texto a continuación:
Los objetos florecen. Si estamos tristes, por ejemplo, y recibimos la llamada de alguien que nos quiere, vemos algo que antes, durante la tristeza, parecía escondido. El mundo tiene más claridad porque el amor lo ha enjabonado. Quisiéramos decirle gracias al aparato que ha traído esa voz hasta nosotros: Oigo tu voz,/ el cable del teléfono/ ha florecido. También florece el tiempo, cuando miramos los pinos desde un edificio donde la muerte y la enfermedad nos acorralan, como asaltantes: Por la ventana/ del hospital, los pinos/ llenos de pájaros.
Nos pasamos la vida pidiendo amor, buscando un poco de verano. En esa búsqueda, a veces, lo que nos salva es lo más insignificante: una violeta. Si estamos en otra casa, en un lugar sin nuestros muebles, con extraños, nos sentimos por este motivo desamparados. Pero la visión de una sola violeta puede ayudarnos: En esa casa/ extraña, el rostro familiar/ de una violeta. La violeta nos hace sentir en casa, vuelve conocido lo extraño.
Nos pasamos la vida pidiendo amor, buscando el verano. Y en esa búsqueda nos salva lo más insignificante: tres líneas de tinta
Esta tarde releo la poesía de Susana Benet. Me abalanzo sobre su libro cuando mucha tengo sed, como quien mete la cara en un charco luego de una larga travesía por el desierto. Susana es cazadora de tiempo. Cada haiku suyo es una puerta que conduce a un instante que no se termina nunca. Un pino encendido en el bosque, igual que un faro; un jardín sereno, tanto que uno no se atreve a cruzarlo; el sol posándose sobre una taza de té como un lepidóptero; la sombra de la que uno disfruta, y ver en ella el regalo de la paciencia, la constancia de la fe y su fruto: Aquel tallito/ que sostuve en mis manos/ hoy me da sombra.
No solo el tiempo y los objetos: también florece el corazón, Susana. El mío ha florecido este domingo. Nos pasamos la vida pidiendo amor, buscando el verano. Y en esa búsqueda nos salva lo más insignificante: tres líneas de tinta. Unas pocas palabras que conducen a la vida, al franquearlas como se hace con una puerta. La poesía de verdad captura lo evidente, aquello lo que a simple vista está pero que no vemos. Nos entrega la realidad, pero sin polvo. Desenterrada.
LA
NO-FIESTA
Están
las calles mojadas. Este año no se celebran fiestas. Cada cual las celebra como
puede, en su casa, en los balcones, sentados en un jardín. Los bares se cierran
pronto. Parece que la vida se haya detenido. No se oyen pájaros. Algo muy
extraño. Los coches circulan, pero el agua de la lluvia amortigua su sonido sobre
el asfalto. Los días pasan casi iguales, a no ser que contemplemos los brotes
en las ramas de los árboles o alguna flor que despunta sobre un tallo.
Oficialmente,
no hay fiesta y algunos se dedican a boicotear este silencio con petardos. Sus
explosiones suenan como cañonazos entre los edificios. La gente camina con
medio rostro cubierto por la mascarilla. A veces no reconozco a quien pasa por
mi lado. En otra situación, la lluvia habría deslucido la festividad, mojando
vestidos y zapatos, estropeando las figuras de cartón, humedeciendo la pólvora…
La lluvia está en consonancia con estos tiempos, como si nos dijera: “No salgas
de casa. No hay nada que celebrar”. En todo caso, disfrutemos de estas gotas
que caen silenciosamente sobre la ciudad, limpiando las aceras, los tejados,
las copas de los árboles, los toldos, los coches aparcados…
Hay
quienes combaten su frustración quemando pólvora, incluso bajo la lluvia. Es el
único sonido que invade el aire, una salva inútil cuando no hay nada que
festejar.
Susana
Benet (19-3-2021)
(fotografía: Susana Benet)