sábado, 12 de agosto de 2017

POEMA de PEDRO SEVILLA






PROPÓSITO

PORTARME, ante el dolor, como ese almendro,
que herido por el hacha siente caer sus ramas,
donde no han de volver nunca los trinos.

Ser, como él, copa de luz.
fecunda espera,
paciencia milenaria,
que sabe ha de tornar el sol de marzo
a florecerle el alma,
a llenar de perfume sus heridas.







(de: SERÁN CENIZA - Ed. Libros canto y cuento - 2015)

(acuarela: Susana Benet)







martes, 8 de agosto de 2017

HAIKU









Mi oído es flor
que acaricia la abeja
con su zumbido.





(acuarela: Susana Benet)




viernes, 4 de agosto de 2017

POEMA







EL GRITO

Alguien grita y me asomo,
  me asomo
a los patios desiertos, los balcones,
donde todo reposa bajo un velo
de sol recién nacido.

Quién se atreve a gritar ante esta azul
y quieta madrugada,
cuando no canta el pájaro ni zumban los insectos,
ahora que la luz desciende silenciosa
sobre el aire que está
aún dormido.




(publicado en revista Sibila 51 - Sevilla, enero 2017)





martes, 1 de agosto de 2017

HAIKU








Noche sin luna.
Resuena la gravilla
bajo mis pasos.







(fotografía: Susana Benet)



viernes, 28 de julio de 2017

HAIKU








Bello portal.
Al hacer una foto
alguien se asoma.







(fotografía: Susana Benet)






lunes, 24 de julio de 2017

HAIKU








Indiferente
al ladrido del perro,
dormita el gato. 









(fotografía: Susana Benet)



jueves, 20 de julio de 2017

COMENTARIO








FALTAN ÁRBOLES

Recientemente todo son noticias sobre incendios. Los informativos no paran de mostrar enormes bosques invadidos por las llamas. Negras humaredas ocultando el horizonte. Personas evacuadas. Carreteras cortadas. Señalan que algunos incendios pueden ser intencionados. No puedo imaginar que alguien disfrute destruyendo naturaleza. Pero tampoco me extraña tanto si observo cómo el cemento se apodera de nuestras ciudades, ante la mirada impasible de la mayoría.

Vivimos en espacios donde predominan edificios, muchos de ellos mastodónticos, feos, vulgares, desnudos. Qué pocas personas se toman la molestia de cultivar plantas en los balcones, en las terrazas. Es deprimente contemplar fachadas y fachadas en las que predomina el ladrillo, el acero y el cristal. Tampoco crecen muchos árboles en las aceras. En algunas calles, están ausentes En otras, observamos que el espacio destinado a un árbol, aparece seco, sin vida. Tal vez el árbol murió, pero nadie lo repone.

Existen los jardines, pero están contenidos en espacios limitados. ¿Por qué no convertir la ciudad en jardín? Muchos reyes lo hicieron en la antigüedad. Ellos, más sensibles tal vez que nosotros, deseaban rodearse de belleza y salud. Y nada mejor que la vegetación.

Cuando paseo por nuestras calles, echo en falta esa vegetación que nos aporta oxígeno, belleza, sombra y frescor en los tórridos veranos. Nos faltan árboles, plantas en las fachadas, jardines en cada solar baldío. Y no creo que deba ser responsabilidad exclusiva de nuestras autoridades. Es cierto que ellos se ocupan oficialmente del tema, pero nosotros también somos parte implicada y no parece inquietarnos demasiado que la ciudad esté tan desprovista de vida vegetal. Podríamos aumentar el verdor de nuestro entorno por propia iniciativa, cultivando macetas en ventanas y balcones. Algo fácil y económico que embellecería esas tristes fachadas áridas y desnudas. Sería una medida personal y comprometida, una forma de enfrentarnos a la desertización que, poco a poco y de manera implacable, venimos sufriendo.





(publicado en revista El Inconformista)

(fotografía: Susana Benet)