martes 17 de noviembre de 2009

HAIKU




Corre y se para,
corre y se para el mirlo
mientras lo miro.


sábado 14 de noviembre de 2009

CHAO SU CHENG (S. XII)


Me levanté irritada de tener que cubrirme todavía con el
carmín de mis afeites,
y me miré con rabia en el espejo que refleja mi enfermizo
semblante.
Mi enflaquecido talle prueba bien los efectos de mis vanos
dolores.
Y el constante fluir de mi llanto no es más que el desbordar
de mi dolida soledad.
Lánguidamente apoyada en mi tocador, me aliso las negras
cejas.
Y tiendo mis dos largas trenzas sobre el vapor del agua
hirviendo.
Mi doncella, bien ajena al estado de mi alma, toma una
florida rama de ciruelo y la coloca en mi cabello.

(de "Segunda antología de poesía china" - Marcela de Juan)

martes 10 de noviembre de 2009

HAIKU


Entre los peces
pequeños de la orilla,
los pies del niño.


sábado 7 de noviembre de 2009

HAIKU



Añora el huerto
tu paso sosegado,
tu voz de lluvia.


miércoles 4 de noviembre de 2009

NOVIEMBRE



Esta luz de noviembre
es pura transparencia
sobre la inmensa calma
de la tarde.

Se despliegan las hojas
como ojos asombrados
detrás de las ventanas.
Temblando los colores
caen al suelo.

Ya impregna el aire
templado del otoño
el frescor invernal,
y en las ramas vencidas
sobrevive el verdor
reciente del estío,
la tersa primavera.

En esta breve luz
que enciende los guijarros,
centellea en el agua
y se mece en el leve
vuelo de los insectos,
vibra el color de todas
las estaciones.



lunes 2 de noviembre de 2009

HAIKU




Rojas cerezas,
entre las hojas verdes
mi mano blanca.

viernes 30 de octubre de 2009

RILKE (1875-1926)


Ay, dolor, mi madre me derriba.
Piedra a piedra yo me había levantado
y ya estaba en pie, como casa pequeña,
en torno a la que gira el día, incluso estando solo.
Y viene ahora mi madre y me derriba.

Me derriba cuando viene y mira.
No ve siquiera que uno está construyéndose.
Las paredes de piedra me atraviesa.
Ay, dolor, mi madre me derriba.

Vuelan ligeros en torno a mí los pájaros.
Los perros, aun extraños, me conocen: es él.
Sólo mi madre no sabe quién soy yo,
desconoce mi rostro que ha cambiado despacio.

Entre nosotros no ha habido nunca un viento cálido.
Ella no vive donde están los vientos.
Su corazón descansa en una alta empalizada,
y Cristo viene y la lava cada día.


(de: Vida de Rainer Maria Rilke - La belleza y el espanto - Antonio Pau - Edit. Trotta).