miércoles, 16 de octubre de 2019

HAIKU








La lluvia trajo
brotes de primavera
a los tejados.









(fotografía: Susana Benet)



domingo, 13 de octubre de 2019

HAIKU








Nubes dispersas.
Los cables paralelos
siguen al tren. 








(fotografía: Susana Benet)



jueves, 10 de octubre de 2019

POEMA de LI PO (701-762)







SENTADO, SOLO,
EN LA MONTAÑA DE JINGTING

Se pierden en la altura pájaros en bandada.
Ociosa, la última nube se aleja.
Oh montaña, mi única compañera.
Ni a ti ni a mí el mirarnos nos cansa.



* * *





(de: Poesía china - Ed. Cátedra, 2013)
(acuarela. Susana Benet)




lunes, 7 de octubre de 2019

TANKA










El mismo huerto,
pero no está la azada
del mango roto,
ni cuelga aquel botijo
de la alta enredadera.








(fotografía: Susana Benet)







viernes, 4 de octubre de 2019

POEMA de ANTONIO CABRERA (1958-2019)




El pasado sábado, día 28 de septiembre, acudí a la presentación del libro, homenaje a Antonio Cabrera, Luz a ti debida, en la librería Ramón Llull.  Como era de esperar allí se reunieron muchos amigos, admiradores y miembros de su familia. Fue un acto emotivo. También yo deseo ofrecerle aquí mi personal homenaje con un poema, encontrado al azar, de su libro Corteza de abedul, porque Cabrera, en este poema, vuelve a correr sobre los caminos que tanto amaba.



HOMBRE QUE CORRE

ESTA neblina gélida golpeándome la frente
tal vez sea un espíritu,
pero yo la percibo como efluvio
de la ribera. No me uno
a nada. Corro en paralelo
con zancadas muy pobres.
Las permanencias mudas
-que son flores dormidas
y agua grasienta en los arcenes
y gris celaje y árboles y frío-
se van quedando a un lado.
Estampa desenmascarada, el mundo.
Lo doblego con sólo hacerle caso
al vaivén de mis piernas,
al modesto compás
de lo que soy.


* * *


(de: Corteza de abedul - Edit. Tusquets, 2016)
(fotografía: Susana Benet)







martes, 1 de octubre de 2019

HAIKU









Busco la sombra,
sin ganas de hacer nada.
Agosto cruel.







(fotografía: Susana Benet)




sábado, 28 de septiembre de 2019

POEMA de JOSÉ CEREIJO








EXTENSAMENTE, el árbol abre sus brazos
a los pájaros, al aire, al sol,
a sus propias hojas, que pronto lo desertan.
Cuando, en invierno, el cielo esté vacío,
ha de seguir allí, aún los brazos abiertos,
acogedores también de esa inclemencia,
de esa intensa desnudez rigurosa.
No veas –no cometas ese error egoísta-,
en ese extraño gesto, una lección. Es algo
más puro y más profundo: una sabiduría.



 * * *


(de: Los dones del otoño - Edit. Pre-Textos, 2015)
(acuarela: Susana Benet)



miércoles, 25 de septiembre de 2019

VIAJE A MADRID





VALENCIA-MADRID (20 Abril 1918)

Llegamos a nuestras plazas en el vagón 10 y resultan ser de las que llevan viajeros sentados enfrente, o sea, de cuatro, las que más detesto. Parece que estés sentado en un tresillo (o cuatrisillo) frente a dos desconocidos con quienes no tienes nada que ver ni hablar o que te pueden toser en la cara o ponerse a comer un oloroso bocadillo mientras tratas de no prestar atención a sus mandíbulas.

Pero algo más preocupante sucedía en las correspondientes plazas. Los viajeros del otro lado del pasillo nos advierten, entre divertidos y alarmados, que debajo de uno de los asientos que debemos ocupar hay una cartera marrón de piel (como de negocios), sin que se sepa nada de su propietario. La noticia me alarma, me enfurece. Viajar en compañía de otros dos, cara a cara, y con una cartera sospechosa debajo de mi trasero.

Lamento que G no haya tenido más cuidado al comprar los billetes. Hay que evitar los de mesa compartida. No me gusta la gente y menos tenerla demasiado cerca. Me pasa lo mismo en los bares, en el cine o en el autobús. Cuanto más aislada, mejor me encuentro.

Por fin aparece una azafata fría y uniformada, con la reglamentaria coleta sujeta en la nuca, maquillada y con cara de pocos amigos. En cuanto le hablo del extraño maletín debajo del asiento, hace un aspaviento y gesticula con la mano como si quisiera espantar una mosca. No es asunto de ella, debo hablar con el revisor. Buscamos con la mirada y todos los viajeros con traje oscuro me parecen revisores, pero ninguno es el auténtico.

Me dirijo, decidida, al vagón cafetería, dispuesta a atrapar al revisor y plantearle nuestro problema. “No podemos ocupar un asiento bajo el que hay oculto un maletín anónimo”. Pero en el bar solamente hay clientes devorando bocadillos o pidiendo bebidas. Detrás del mostrador, junto a la camarera, descubro a la azafata con quien hablé anteriormente, con su pelo estirado hacia atrás y su reglamentario pañuelo al cuello. Le pido por señas que se acerque, y lo consigo, pero la respuesta es la misma. Tengo que  hablar con el revisor, lo del maletín no tiene importancia, alguien lo habrá olvidado, pero además, ha debido pasar por el control de acceso, por lo que no puede contener nada peligroso. Lo cual no me tranquiliza en absoluto. ¿Y si alguien lo ha colado por encima de la valla de la estación, clandestinamente? Nuestro vagón está al final del larguísimo andén que prácticamente queda fuera de la estación, muy cerca de unas obras y de una vallita de poca altura, compuesta por barrotes verticales entre los cuales se puede introducir cualquier objeto.

Regreso a nuestro vagón donde G espera pacientemente en pie. Los vecinos del otro lado del pasillo sueltan unas risas y dicen que han avisado a la azafata y que les ha dicho que vendrá alguien a recoger el bulto. Pero el tren avanza, ya lejos de la estación, y nosotros seguimos esperando sin que el necesario revisor venga a revisar nada.

Me aventuro por los vagones por si encuentro dos plazas libres donde instalarnos solos, y encuentro otro conjunto de cuatro donde solamente va sentada una pasajera con aspecto tranquilo. Al menos aquí seremos sólo tres viajeros y no hay ningún objeto perturbador bajo los asientos. Regreso a nuestro vagón inicial para avisar a G y darle la buena noticia, pero al acercarme, los viajeros del otro lado del pasillo exclaman: “¡Ya se lo han llevado!”. Era un hombre con aspecto de oficinista, trajeado, anodino, poca cosa. Se había cambiado de sitio, confesó, y se había olvidado el maletín.

Yo nunca me olvidaría el bolso en un vagón si me trasladase a otro. Y no tardaría como media hora en darme cuenta. ¿Para qué viaja con una cartera que en realidad no le importa? Me pregunto qué contendrá esa cartera marrón de piel, con cierre y hebillas, y qué contendrá el cerebro de ese hombre anodino que viaja con traje y corbata.

Me pregunto si será representante de baratijas y lleva el muestrario en la cartera. O tal vez un abogado con los expedientes de casos criminales, lo cual demuestra que es incapaz de custodiar la información de sus clientes. O todavía más arriesgado, un vendedor de joyería que abandona su valioso material porque se le ha ido la cabeza pendiente de la película mala que emiten en la tele, mientras consulta en su móvil la cotización del oro en bolsa.

Existen tantas posibilidades… ¿un novelista que viaja con su manuscrito? ¿un pedófilo que guarda fotos prohibidas? ¿un traficante de drogas camuflado tras la imagen de un mediocre hombre bajito?

Todo esto me pasa por la cabeza mientras saboreo un delicioso bocadillo de jamón en la cafetería, ante una burbujeante cerveza, mientras contemplo por la ventanilla la interminable llanura salpicada de fugaces olivos, viñas, encinas… Y al dar un bocado al crujiente pan, me viene a la cabeza otra posibilidad. Tal vez la elegante cartera sólo contiene eso, un bocadillo preparado por una esposa hacendosa, envuelto en papel de aluminio y bla, bla, bla… 

Dejo de dar vueltas al asunto y me centro en la visión de las suaves colinas que aparecen y, de pronto, se esfuman bajo un cielo manchado de nubes blancas.


(20-4-2018)

(de: Cuaderno de viajes - Inédito)

(fotografía: Susana Benet)


domingo, 22 de septiembre de 2019

HAIKU








A cada vuelta
del tiovivo, mi padre
diciendo adiós.








(fotografía: Susana Benet)


jueves, 19 de septiembre de 2019

POEMA de ADAM ZAGAJEWSKI











CONVERSACIÓN

Allí donde se ve tal vez que realmente
la Tierra es redonda: una senda estrecha
en medio de campos idílicos tras la ciudad,
en el horizonte un trozo de la torre de la iglesia,
cortada sin piedad por colinas lejanas,

alisos sobre un arroyuelo turbio
y en el agua una Elodea canadensis
(que es una planta invasora)
y trozos de platos de porcelana,

por allí solía pasear con mi padre (madre,
claro, no salía a hacer largas excursiones),
en otoño o en primavera, cuando los árboles
eran felices por un instante.

Sólo ahora, así me lo parece,
estoy cerca de encontrar el tono adecuado,
sólo ahora sabría hablar con mis padres,
pero no puedo escuchar sus respuestas.


* * *


(de: Asimetría – Ed. Acantilado, 2017)

(fotografía: Susana Benet)



domingo, 15 de septiembre de 2019

HAIKU







Princes Street.
Comparto fish and chips
con la gaviota.









(fotografía: Susana Benet: Edimburgo, 2016)



jueves, 12 de septiembre de 2019

LA TORMENTA





LA TORMENTA

Me despertó la lluvia esta mañana, repicando en los tejadillos, en los toldos, en los metales. Por fin, la lluvia. Tras un verano agobiante que resecó el suelo y aletargó las plantas, ahora todo revive en las hojas brillantes, empapadas. Están limpios los árboles, las húmedas aceras, la tierra de los setos. También se han abierto inquietos los paraguas que entrecruzan sus vistosos colores por la avenida. El viento también despierta las ramas cabizbajas, las agita y eleva sin violencia. Aproxima de pronto las copas de los ficus que crecen en el pequeño parque, donde ya no resuenan gritos ni súbitos ladridos. Todo es calma. Solamente el rítmico goteo del agua en el asfalto, como una dulce cantinela que inunda el aire. También se escuchan, de vez en cuando, muy lejanos, los truenos como voces veladas por las nubes.

Después de la tormenta quedan charcos plomizos, apacibles estanques donde alguien contempla su imagen reflejada sobre un cielo invertido, donde las vagas siluetas de los árboles parecen sumergirse en un profundo sueño.





(fotografía: Susana Benet)




lunes, 9 de septiembre de 2019

HAIKU








Una libélula
posada junto al río.
Luz detenida.










(fotografía: Susana Benet)



viernes, 6 de septiembre de 2019

HAIKUS de RAFAEL FOMBELLIDA








Al fin desciendes,
luna de la montaña,
a mi colchón.


Ya lo presiente
tu corazón de caña,
¡vuelas, canoa!


Un año, otro,
florece la amapola
junto al estiércol.


Con sus rodillas
la chica dio dos lunas
a la penumbra.


Sacando punta
al lápiz, el otoño
se vino a casa.


Montaña roja.
Morado el abedul,
aún tiritando.


***



(de: Montaña roja - Ed. Prensas Universitarias de Zaragoza, 2008) 

(acuarela: Susana Benet)



martes, 3 de septiembre de 2019

HAIKU







Un surtidor
en medio del estanque.
No duerme el agua.












(fotografía: Susana Benet "El Retiro")




sábado, 31 de agosto de 2019

LECTURA EN SANTANDER





http://www.uimp.es/actualidad-uimp/la-escritora-susana-benet-protagoniza-el-ciclo-veladas-poeticas.html

Acabo de regresar de Santander, una ciudad en la que el mar y la vegetación están presentes en todas partes. El palacio de la Magdalena está rodeado de bosques y mar. Una delicia para el ojo y la mente.

El poeta Carlos Alcorta me presentó ante el numeroso público que llenaba la sala. Como siempre, desaparecieron los nervios y me sentí bien acompañada y acogida. Leí poemas de "La durmiente" y de "Don de la noche", y finalicé con una amplia selección de haikus, como la "traca" final. 

Desde aquí agradezco a todos su asistencia y el haber tenido la oportunidad de contactar con poetas que no conocía. 

Dejo aquí una breve muestra de mi lectura:


CORTE DE PELO

Te corto el pelo en la cocina,
girando suavemente tu cabeza.

Van cayendo mechones sobre el suelo.

De pronto, el gato
se tiende en tu cabello y se revuelca
feliz, estremecido.


***

Al entregarme
la compra el carnicero,
sangre en las uñas.

***

Se estira el gato
olisqueando el aire,
la primavera.

***





(fotografías: Gabriel Alonso)

viernes, 23 de agosto de 2019

VELADAS POÉTICAS EN SANTANDER


Exterior Palacio de La Magdalena

El próximo día 28 de agosto, a las 20 horas, participo en las Veladas Poéticas que organiza la UIMP en el Palacio de la Magdalena, Santander. Copio aquí el enlace con la noticia.

Tal vez alguien se encuentre en la ciudad coincidiendo con mi lectura. Desde aquí le invito a acompañarme. Será un placer saludarle.

https://agenda.eldiariomontanes.es/evento/susana-benet-en-las-veladas-poeticas-de-la-uimp-642271.html

miércoles, 21 de agosto de 2019

POEMA









LOS GERANIOS

Como niños cautivos
en un aula,
tras el toldo aguardan
los geranios
a que el calor amaine,
a que la brisa
con su mano de seda
los conduzca
a la anhelada pausa
del recreo.






(fotografía: Susana Benet)


sábado, 17 de agosto de 2019

HAIKU









Cerca del rastro
de pétalos caídos,
una camelia. 






(fotografía: Susana Benet)




lunes, 12 de agosto de 2019

HAIKU







A cada paso
mueve el gallo cobrizo
su cresta roja.







(fotografia: Susana Benet)




viernes, 9 de agosto de 2019

AFORISMOS del pintor RAMÓN GAYA (1910-2005)









ENEMIGO

NO te hagas enemigo de nada.



FIDELIDAD

¿CÓMO vamos a pedirle fidelidad a quien necesita ser infiel a sí mismo si quiere existir?



GOZO

NINGÚN goce es descanso.



PLACER

CASI siempre el esfuerzo está divorciado del placer.



LUGARES ABSOLUTOS

NO hay lugares absolutos a donde ir.



EXILIO

EL exilio no termina nunca.



HUIR

NO podemos huir nunca, viajar sin nosotros.



* * *

(de: Algunos aforismos del pintor Ramón Gaya - La Veleta, 2019 - Granada)

(acuarela: Ramón Gaya - 1992)



lunes, 5 de agosto de 2019

HAIKU











En el instante
en que miré la rama,
cayó una flor.






(fotografía: Susana Benet)



martes, 30 de julio de 2019

HAIKU






No cogí el fruto.
No me atreví a romper
la telaraña.







(acuarela: Susana Benet)




sábado, 27 de julio de 2019

POEMA





VERANO

Todo se inflama, cruje, se marchita
sumido en el sopor
de este  intenso verano interminable.

Mas todo se sostiene
y renace jugoso
en la feroz canícula.

Del suelo brota el agua en surtidores
empapando la risa de los niños
que en su carrera arrastran
la luz sobre su piel,
prendida en cada gota.

* * *



(fotografía: Ariadna Benet)