martes, 15 de mayo de 2012

RELATO





ATRAPADA EN EL SUEÑO
Cómo me cuesta cada día salir del sueño. Es como un pozo muy hondo y silencioso donde se dan cita las más sorprendentes imágenes, los más absurdos pensamientos. Estando dormida, mi cuerpo se desvanece y mi mente flota como un alga sobre el mar, sin saber adónde me conduce su balanceo. No tengo conciencia de nada de lo que sucede en el mundo exterior y si algún sonido me alcanza, sutilmente se convierte en un elemento más de la confusa trama. Cuántas experiencias se suceden en mi interior con la misma nitidez con que las vivo estando despierta. Cuántos asuntos que resolver me retienen al otro lado, acuciándome a prestarles atención, tentándome a descubrir su desenlace. Y siempre aparece una casa, con formas distintas, pero siendo la misma de sueños anteriores. La reconozco en cuanto penetro en su interior y la recorro, abriendo puertas de habitaciones que inexplicablemente se multiplican, todas ellas abarrotadas de muebles y enseres de quienes antes las habitaron. Me detengo en cada una y observo lo que contienen. Hay mucho trabajo por hacer en todas ellas. Vaciar armarios, deshacerme de objetos inútiles, vender lo que posea valor, dejarlas libres para poder ocuparlas. Al final del recorrido sé que me espera una enorme cocina que habrá que vaciar y limpiar. La cocina es siempre la misma, con sus armarios grises y anticuados, repletos de vajilla sucia y desordenada. En los estantes hay objetos deteriorados, enmohecidos, inservibles, que deseo eliminar, lo cual  requiere un tiempo del que no dispongo, aunque no puedo explicar de qué manera poseo esa certeza, ya que no consulto relojes ni calendarios. A un lado de la pared hay una puerta, también gris. En una ocasión la abrí y descubrí tras ella un patio trasero cubierto por matas de hierba y pequeños arbustos, donde unos niños, tal vez adolescentes, jugaban.  Más allá de aquel espacio, el terreno se extendía salvaje y solitario hasta el horizonte. En el siguiente sueño, la cocina ya estaba despejada, sin trastos amontonados, aunque seguía con el mismo aspecto gris y envejecido.
No sé cuándo regresaré a la casa, ni qué voy a encontrar la próxima vez que la recorra abriendo esas puertas que aparecen donde antes no estaban. No temo a ese lugar porque sé que forma parte de mí, como una extraña metáfora de mi mundo interior que no sé descifrar, pero que cambia y se transforma en cada sueño. No es un lugar estancado, es un lugar vivo. Un lugar familiar en el que tal vez, algún día, quede definitivamente atrapada.
 Mayo, 2012

1 comentario:

  1. ¡Qué relato intrigante el de tu sueño, Susana!
    A veces, buscamos hallar lógica en ellos. Caemos en esa trampa.
    Un mundo de espejos que reflejan otros códigos.
    ¿Seremos capaces de descifrarlos?
    ¡Cuántos mundos en el propio mundo!

    Un abrazo.

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