sábado, 1 de agosto de 2020

LA RIQUEZA DEL HAIKU






El haiku supone una apertura al mundo, a nuestro entorno inmediato. Amplía nuestra capacidad de percepción y nos hace participar de una forma desinteresada en la vida. Con el haiku descubrí que la realidad era menos tediosa de lo que me parecía antes. En mis diarios trayectos al trabajo fui tomando conciencia de los pequeños detalles cotidianos y dándoles un nuevo valor. Fue un súbito “darme cuenta”. Mi mente se abrió hacia el exterior, dejando de lado mis habituales preocupaciones. A partir del momento en que comencé a escribir haiku mi interior cambió. Aprendí a percibir con más agudeza la vida alrededor y a disfrutar de cualquier breve acontecimiento o cambio en el paisaje. Anotar mis haikus en un cuaderno se convirtió en un modesto ritual que enriquecía mi vida. Resultó ser una benéfica meditación que me ayudó anímicamente entonces y que no he dejado de practicar.


Se fue la niebla.

Ya se ve al jardinero

cortando el césped.


* * * 


(acuarela: Susana Benet)




8 comentarios:

  1. Gracias, Susana, por comentar tu experiencia con el haiku, esa riqueza a la que refiere el título. Coincido contigo en eso de redescubrir lo cercano, lo cotidiano. Una manera, además, de resignificar nuestro entorno. Darle un nuevo sentido a través de la palabra poética que el haiku tiene (o debiera tener) siempre.

    ¡Hermoso tu haiku y tu acuarela! Otro gracias, amiga.

    Un abrazo desde este invierno austral.

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  2. Gracias Juan Carlos. Espero que tu invierno sea más llevadero que nuestro tórrido verano. Además, el frío conserva... Besos

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  3. Nos gustó mucho ése que dice:

    Trénzame el pelo:
    que sienta los tirones
    de tu cariño.

    También onomatopéyico, éste de algunos partícipes de ZdeP:

    Una cascada
    da frescor a la noche
    con su sonido.

    ....

    SALUDOS !!!

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  4. Gracias por compartir tu experiencia.

    Precioso, como siempre.

    Un abrazo.

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