martes, 27 de septiembre de 2011

TANKA de KI NO TSURAYUKI



Sin nadie ver
su esplendor, han caído
allá en el monte
hojas de otoño. ¡Cuánto
color tendrá esta noche!


(de: Kokinshuu - Edit. Hiperión)

sábado, 24 de septiembre de 2011

HAIKU




Las campanadas
retumban en las flores,
al pie del templo.


(de: "Huellas de escarabajo" - Edit. Comares)

martes, 20 de septiembre de 2011

HAIKU



Casa en ruinas,
cegada con ladrillos
la antigua puerta.


(de: Lluvia menuda - Edit. Comares)

viernes, 16 de septiembre de 2011

HAIKU



Manchas de musgo
oscurecen la roca.
Senda de otoño.

martes, 13 de septiembre de 2011

HAIKU



Mientras espero
a que cambie el semáforo,
el pino verde.


(de: "Huellas de escarabajo" - Edit. Comares)

miércoles, 7 de septiembre de 2011

HAIKU





Suave vaivén,
se desprende una hoja
de la morera.


(de: "Lluvia menuda" - Edit. Comares)

sábado, 3 de septiembre de 2011

CUENTO





TINA APRENDE HAIKU

Aquella tarde, cuando Tina regresó del colegio, su madre la encontró rara.
“¿Ya está la cena?”, preguntó Tina quitándose el abrigo. Y a continuación pronunció en voz baja: “Cinco”.

“¿Qué estás diciendo?”, preguntó su madre desde la cocina.
La niña escuchó, se quedó pensativa y volvió a decir: “Cinco”.

Su padre, que estaba frente al televisor, pendiente del tiempo, anunció: “Mañana habrá borrasca”
Tina respondió en voz alta: “Siete”.

La madre salió de la cocina con las mejillas rojas como manzanas.
“¿Qué le pasa a esta niña?”, preguntó sofocada por los humos del guisado.

Tina repitió: “Siete”, y empezó a poner la mesa con más energía que de costumbre.
El padre seguía absorto ante los claros, las nubes y las precipitaciones.

Al rato apareció la abuela con su esponjoso batín estampado y se sentó a la mesa.
“¿Qué has hecho hoy en el colegio?”, preguntó como siempre.
Tina respondió:
 “Hoy ha venido /a clase un japonés /que escribe haiku.”

El padre siguió mirando el mapa en la pantalla, la madre removió algo dentro de la cazuela, la abuela levantó las cejas y miró a Tina con atención.
 “Nos ha enseñado / a decir lo que pasa /sólo en tres versos”.

“Qué cosas más raras os enseñan hoy en día.”, dijo moviendo la cabeza.
De pronto, Tina comentó:

La abuela lleva / un calcetín azul / y el otro, verde”

En ese momento, el padre dejó de mirar la tele, la madre salió de la cocina y la abuela se miró los pies.

“¡Pues es verdad!”
“¡Son cinco!” declaró Tina. “Cuatro, más una por acabar en aguda.”

Su padre le preguntó, frunciendo la nariz:
“¿Puede saberse de qué estás hablando, Tina?”

“De nada raro. / Lo que hago simplemente / es contar sílabas.”

La madre se ajustó las gafas para mirar a su hija.

“¿Quieres hacer el favor de hablar como todo el mundo?”
La niña negó con la cabeza.

“El profesor / dice que practiquemos, / y yo obedezco.”

 El padre puso los ojos en blanco, la madre dio un largo suspiro y la abuela empezó a toser.

Cuando todos se sentaron a la mesa, Tina dijo:
“Los espaguetis / me parecen lombrices / descoloridas”.

La cuchara de la madre salió volando, el padre dio un salto en la silla y la abuela se atragantó.
“¡Como sigas así te vas a tu cuarto!”, amenazó el padre, pinchando un guisante con furia.

La niña siguió comiendo en silencio, pero al cabo de unos minutos exclamó:
“Papá se acaba / de hacer un lamparón / en la camisa.”

La madre, indignada, le puso el plato en una bandeja y la mandó  a su habitación.

“¡Hoy no verás la tele!”
Pero Tina respondió:

“Me da lo mismo. / Me lo paso mejor / contando sílabas.”


(Ilustración: Gabriel Alonso)
(Publicado en la revista: "Pequeños héroes" - Valencia)