miércoles, 15 de febrero de 2023

HAIKU

 




El viento agita

el reflejo de un árbol

dentro del agua




(de: Grillos y luna - Edit. La Isla de Siltolá)

(fotografía: Susana Benet)



domingo, 5 de febrero de 2023

HAIKU

 




Ella no niega

a nadie su perfume.

La flor robada.





(de: Grillos y luna - Ed. La Isla de Siltolá)

(fotografía:  Susana Benet)



jueves, 26 de enero de 2023

HAIKUS de MARÍA ROSA SERDIO

 

El cuarto a oscuras.

Lo ilumina la voz

de algún relámpago.

*

Gotas de lluvia...

Gozar de su equilibrio,

verlas temblar.

*

Tomarse un tiempo,

mirar cómo la brisa

mueve el helecho.

*

Apura el paso

y de pronto se agacha.

¡Unos narcisos!




(de: Escarcha al sol - Bajamar Editores -Gijón, 2022)

(acuarela: Susana Benet)


jueves, 19 de enero de 2023

HAIKU


 


Entrelazadas,

se marchitan dos manos

en un balcón.





(de: Faro del bosque- Edit. Pre-Textos y La enredadera - Edit. Renacimiento)

(fotografía: Susana Benet)


miércoles, 4 de enero de 2023

HAIKU

 




Un perro duerme.

Una vela encendida

alumbra el sueño.




(fotografía: Susana Benet)


miércoles, 28 de diciembre de 2022

CUENCA EN NOVIEMBRE (continuación)

 



VIAJE A CUENCA (VII)

Regresamos a la posada para comer. El salón decorado con piezas de cerámica, jarrones, platos y otros objetos típicos, nos resultó tan acogedor como el día anterior. Además, nos sorprendió el detalle de que nos ofrecieran la misma mesa que habíamos ocupado diez o doce años atrás, en aquel mismo restaurante. Al principio estábamos solos, pero poco a poco fueran llegando otros comensales, un par de grupos, una pareja… El ambiente se animó. Consumimos nuestro menú sin prisa hasta que a las 3 de la tarde pedimos un taxi y nuestro equipaje.

El dueño, al que recordaba de nuestra estancia anterior, se mostró muy atento y enseguida pudimos acceder al taxi y dar una última ojeada a los árboles y la densa vegetación a orillas del Huécar, justo frente de la posada.

La taxista, una mujer joven y de pocas palabras, nos llevó como un rayo a la estación moderna y espaciosa de Fernando Zóbel. Teníamos tiempo suficiente para entrar en el único comercio del vestíbulo y escoger unos dulces para regalar a la familia.

Me di cuenta de lo mucho que deseaba regresar a casa, pero cuando el tren arrancó sentí una ligera nostalgia de esa ciudad que se veía como una mancha en la distancia.

Junto al andén había observado, maravillada, un joven arbusto creciendo cerca de las vías con sus hojas amarillas, casi doradas, temblando en la brisa como una mano alzada que nos dijera adiós.


El arbolillo,

bajo un cielo apagado,

es todo luz.




(fotografía: Susana Benet)



martes, 20 de diciembre de 2022

CUENCA EN NOVIEMBRE (continuación)


 


VIAJE A CUENCA - VI

Al llegar al parque de San Julián descubrimos un pequeño bar en un rincón y decidimos tomar un vino antes de la comida.

La encargada del bar era una mujer joven, de aspecto agradable, con una larga melena oscura y el cuerpo menudo y esbelto. Nos sirvió dos vinos y siguió charlando con un cliente joven al otro lado de la barra. Por su conversación tuve una idea más clara de lo que ya había intuido el día anterior. Ella se quejaba de lo mal que iba el negocio y afirmaba que, de seguir así, tendría que cerrar el bar. Que tenía un hijo que  mantener y el sueldo no le llegaba a fin de mes. Que hace años era distinto. Que cogía el coche y viajaba hasta Valencia para ir ala playa, pero que ahora eso era impensable.

Bebíamos nuestro vino y tomábamos una tapa que nos había obsequiado, y la escuchábamos con cierta inquietud, como nos habían inquietado los comercios cerrados, las persianas echadas, los carteles de “Se vende” y la falta de alegría en los locales, siempre semivacíos.

Evoqué nuestro viaje a Zamora de pocos años atrás y el gran contraste que había percibido entre el ambiente animado y bullicioso de la primera vez que pisé la ciudad y el actual. Al cabo de un par de decenios, la ciudad parecía medio deshabitada. Casi nadie por las calles, algunos bares cerrados, y el comentario de la dueña de una tienda de jabones artesanales, quejándose de lo mal que iba el negocio, a  pesar de estar situado muy cerca del mercado principal. 

El problema, por lo tanto, venía de muy atrás y afectaba sobre todo a las pequeñas ciudades del interior. Por otra parte, para el visitante, era más ameno y cómodo recorrer sus calles  sin tropezarse con bandadas de turistas.

Día tras día

pasa el río y arrastra

recuerdos, vida.




(fotografía: Susana Benet)