Apenas estrenada, esplendorosa,
la mañana, y ya ha terminado el día.
Hierve el café del desayuno,
se hunde en la taza el sol poniente
y acaba la película de la televisión.
Por ventilar el cuarto
y la cama aún revuelta,
te acuestas y duermes recién despierto.
Oferta espantosa de primavera,
con todo el azahar podrido y días
de saldo amontonados, desvaídos,
arrumbados mucho antes de iniciarse
en el gran almacén de la memoria.


