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domingo, 24 de mayo de 2020

COMENTARIO







LIBROS SABIOS

Hay libros que aparecen en nuestra vida de forma aparentemente casual y que, sin embargo, vienen a ofrecernos algo que andábamos buscando. Palabras que nos revelan verdades esenciales, sentencias breves que nos alivian en tiempos de confusión. En este caso, me refiero al Tao Te King (de Lao Tse), un pequeño libro que alguien dejó sobre mi escritorio, tal vez por descuido, y que se ha convertido durante muchos años en mi libro de cabecera, donde leo textos antiguos que parecen aludir al momento presente porque son intemporales:

“Gobernar un gran reino es como cocinar un pescado pequeño. Cuando se gobierna el mundo conforme al Tao, los demonios carecen de poderes espirituales. No sólo los demonios carecen de poderes espirituales, sino que los espíritus mismos no pueden dañar a la gente. No sólo los espíritus no pueden dañar a la gente, sino que el Sabio mismo no daña a su pueblo. Si tan sólo el gobernante y sus súbditos se reprimieran de dañarse mutuamente, se acumularían en el reino todos los beneficios de la vida”.





(de: Tao Te King - Lao Tse - Edit. EDAF, 1993)

(acuarela: Susana Benet)


sábado, 16 de mayo de 2020

HAIBUN






AL OTRO LADO DEL CRISTAL

Estamos en mayo y las jacarandas que crecen al otro lado del cristal de mis ventanas, son como una pincelada malva sobre el verdor de los ficus. Estamos confinamos en este tiempo. Es como si la vida nos impusiera un periodo de clausura y reflexión. Como si el mundo enmudeciera de repente para dejarnos escuchar el silencio. Un silencio que sólo se interrumpe cuando algún pájaro canta o un perro ladra. Apenas suenan motores en la calle, y las personas, con el rostro cubierto por sus máscaras, deambulan silenciosas. Y si, por algún motivo, alguien lanza un grito en la calle, suena como un desgarro en el aire. En estos días hemos tenido lluvia y las calles se ven limpias, los setos más verdes, las copas de los árboles recobran su brillo natural. Habrá que vivir de otra manera, nos dicen, a partir de ahora. Personalmente, no me incomoda la distancia física. En más de una ocasión me he sentido invadida por quienes no respetan el espacio ajeno, bien sea en la cola del supermercado o en un autobús. Y no sólo nos invaden con sus cuerpos, también con sus olores. Posiblemente ahora, cuando la higiene es fundamental, nos libremos de soportar el tufo ajeno. Y, con un poco de suerte, la gente con mascarilla gritará menos en lugares públicos, absteniéndose de vocear en sus móviles, sin ningún pudor, asuntos privados, delicados, obscenos, interminables. ¿Cambiaremos o volveremos a las andadas?

Ahora, contemplo la calle tras los cristales y me siento en paz. A pesar de lo difícil de la situación, agradezco esta tregua en nuestro habitual ajetreo. Con un poco de suerte, miraremos con otros ojos el mundo que nos rodea, comprendiendo de una vez que todo el daño que hagamos a la naturaleza, nos lo hacemos a nosotros mismos. Que no somos los reyes de la creación, como nos hicieron creer, sino que formamos parte de un todo y cualquier daño que provoquemos en una mínima parte, repercute en el resto. Que esto sea una cura de humildad contra nuestra humana arrogancia. Que en contra de ciertos tópicos, lo más pequeño puede acabar con lo más grande.


En la farmacia,

me atiende el dependiente

tras un cristal.

 



(fotografía: Susana Benet)



miércoles, 1 de abril de 2020

RESEÑA





Esta reseña que publica la revista ANÁFORA en su número 19 y que saldrá en papel próximamente, la firma el poeta Daniel Fernández Rodríguez. Desde aquí, mi agradecimiento.



Don de la noche
Susana Benet
Pre-Textos, Valencia, 2018

            A Susana Benet se la reconoce como una de las maestras del haiku. En efecto, basta con recordar el siguiente: «Un niño juega / a enterrar a su padre. / Día de playa». Bajo la apariencia de un amable retrato veraniego, se esconde nada menos que el devenir irreparable de la vida: todo encerrado en las diecisiete sílabas preceptivas de esta estrofa de raigambre japonesa cultivada por Benet en varios libros, por ejemplo La enredadera, antología que es ya un clásico imprescindible del género, hoy tan en boga.

            Don de la noche no es un libro de haikus, pero sin duda una de sus muchas cualidades estriba justamente en aplicar con brillantez la lección fundamental de dicha tradición: me refiero al estupendo maridaje entre emoción, reposo y brevedad, una de las señas de identidad de la autora. Susana Benet nos regala en Don de la noche una fascinante colección de breves piezas poéticas, estampas de una vida cotidiana que se plasma con serenidad, sin excesos ni alharacas, en busca de la complicidad del lector. Lejos del tono engolado o alambicado que tanto abunda por ahí, Benet colorea poemas cercanos y amables, escritos para ser degustados con calma y recogimiento, como quien contempla un atardecer o escucha un arroyo. Sus versos nos permiten asomarnos al más hondo sentir del yo lírico y compartir su emoción al saberse parte del pequeño mundo que lo rodea, un mundo poblado de plantas y flores, gatos y terrazas, pájaros y vientos. Guiado de la mano de Benet, el lector va encontrando en todos estos seres a sus propios confidentes y compañeros, a los que tanto se necesita en esta vida presurosa.

            Acaso uno de los muchos dones de este libro sea la minuciosa descripción de la relación con la naturaleza, que nos brinda algunos de los más hondos poemas del libro, como Mediodía, rematado con unos versos que captan y condensan a la perfección la incertidumbre que todos hemos sentido alguna vez ante un paisaje, ante el futuro o simplemente ante la vida: «Y tú, que todo lo contemplas / y lo escuchas / erguido en tu silencio, / te empapas poco a poco de abandono / y tiendes tus sentidos hacia el amplio / paisaje que prosigue más allá / del reducido espacio de tu sombra». Justamente del paisaje que rodea al yo lírico y que poco a poco va envolviendo al lector emanan muchas de las poesías, como de hecho se hace explícito en Poema: «Aunque quería / no podía escribir / ese poema. / Pero al mirar / en mi balcón la rosa, / estaba escrito».

            Otro de los dones de este libro tiene que ver, me parece, con la capacidad para tratar el paso del tiempo, la muerte o el peso de una ausencia querida sin caer en sentimentalismos ni aspavientos, sino mediante la observación tranquila de escenas cotidianas, como ocurre por ejemplo cuando se nos describe la chaqueta que ha sobrevivido a su portador, el polvo omnipresente de una casa abandonada o el asfalto nocturno mojado por la lluvia. Así, Despacio recrea de un modo muy original uno de los tópicos más recurrentes en la poesía de siempre, el de que el tiempo huye sin remedio: «Despacio, muy despacio / voy abriendo los ojos a la tenue / claridad de la tarde. Junto a mí, / el gato permanece silencioso / aguardando la lenta / caricia de mi mano, / mi mano que envejece igual que él, / despacio, muy despacio». Es este, por cierto, uno de los muchos poemas donde aparece un gato (en otro, lo vemos agazapado junto al yo lírico, a la espera de cazar alguna palabra al vuelo), y con él llegamos al último de los dones poéticos que quisiera mencionar aquí. Me refiero al talento de Susana Benet para retratar la vida cotidiana y las pequeñas cosas que nos rodean, que es, en mi opinión, uno de los logros más difíciles de encontrar en poesía. Apenas un rayo de sol o el viento en la ventana: todo lo que necesita un buen libro.  

                                                                       Daniel Fernández Rodríguez



(fotografía: Gabriel Alonso)


domingo, 15 de marzo de 2020

COMENTARIO






SAM EN CASA

Desde el 28 de febrero tenemos un nuevo miembro en la familia. Sam es un perro pequeño, de hocico alargado y orejas afiladas. Es negro, de patas cortas que le permiten saltar a mucha altura si le ofreces una chuchería (una sencilla loncha de pavo). La primera noche extrañó la casa (éramos unos desconocidos para él) y lloriqueó a ratos, a pesar de dormir sobre nuestra cama, algo que le permitimos como lo hicimos con nuestros gatos, aunque también es cierto que extremamos la higiene y le limpiamos las patitas en cuanto sube de la calle.

Nuestra vida ha cambiado desde su llegada. Salimos varias veces a pasearlo, al menos tres veces al día, lo que nos ayuda a sacudirnos la pereza. Jugamos a lanzarle sus juguetes para que corra tras ellos y los atrape. Lo estamos acostumbrando a que se quede solo en casa, algo que llevó mal el primer día (desde el portal lo oía aullar). Pero tenía que dejarlo solo algunos minutos, y me iba angustiada al saber que estaba sufriendo. Es un perrito abandonado (lo dejaron de cachorro en una acequia, una muestra de la barbarie humana), que ha pasado por dos hogares. En el segundo de ellos tuvo que compartir espacio con otros perros abandonados, de modo que recibió una atención limitada. Los primeros días fueron complicados para ambos, pues oía sus quejas cada vez que me ausentaba por pocos minutos.

Todo esto no tiene nada de particular, pues les sucede a muchas personas que adoptan perros. Lo que nos llama la atención es algo difícil de definir o que podríamos llamar “presentimiento”. Antes estaba más inquieto, pero justo desde que firmé los papeles de adopción, cambió su conducta. Al día siguiente salí a comprar durante quince minutos, y no lo oí llorar. Desde esa misma fecha parece asumir  que esta es “oficialmente” su casa. Como si hubiera tenido acceso virtual a los papeles. Y no sólo observamos este cambio, sino que desde que se ha decretado el estado de “alarma”, Sam se ha vuelto más casero, como si entendiese los mensajes de la tele. Ahora no le apetece salir a pasear y nos cuesta hacerlo bajar por la escalera (no usamos el ascensor por si algún vecino piensa que el perro contamina). Como un buen ciudadano evita estar mucho tiempo en la calle. Hace sus necesidades que limpiamos escrupulosamente (no como otros que nos dejan "regalos" sobre acera), y al momento tira de la correa para regresar a casa. Tal vez husmee que el ambiente ha cambiado. Este silencio repentino lo debe desconcertar, como nos inquieta a nosotros. Las aceras desiertas, la falta de tráfico, el cuidado con el que nos evitamos unos a otros, la gente enmascarada…


Igual que algunos animales presienten la cercanía de un terremoto, nuestro pequeño Sam percibe que el ambiente ha cambiado, que la fiesta terminó (y, por fin, cesaron los petardos para su alivio y el nuestro), y actúa de forma solidaria, como si comprendiera que lo que nos toca ahora es resistir ante el peligro. Y nos da una lección de prudencia y serenidad.



(Fotografía: Susana Benet)




sábado, 30 de noviembre de 2019

COMENTARIO






REDES

Es curiosa la facilidad con que caemos en las redes. Redes de todo tipo, no solo las que nos conectan por Internet, o nos desconectan. En realidad, ¿qué relación podemos tener con tropecientos amigos que figuran en nuestra página, sea la que sea? Apenas habremos cruzado un par de frases con cada uno. Eso sí, les hemos puesto un “me gusta” a menudo. Como una manera de recordarles que existimos, que tenemos criterio. ¿Pero qué criterio es ese que se traga todo lo que le recetan los medios? Si mañana se crease una nueva red social con algún nombre incomprensible, no tardaríamos ni un día en darnos de alta. Lo que no sé es cómo se puede estar en tantos sitios a la vez. Creo que en realidad no estamos en ninguno. O sea, no estamos. No somos, aparentamos.

Ayer se celebraba el Black Friday, algo que de repente se ha puesto de moda. Algo que hasta ahora yo desconocía o me sonaba de lejos. Pues bien, había auténticas muchedumbres abarrotando tiendas y bares. Ya sé que es bueno para los negocios, pero no sé si es tan bueno para nuestras mentes eso de ir a todo lo que nos venden. Y, además, ir con ese fervor, como si se tratase de una peregrinación. Peregrinamos a las tiendas y realizamos el ritual de ver, tocar, probar, comprar o no comprar, pero acudir fielmente. Es posible que cualquier otro día podamos encontrar ofertas parecidas sin necesidad de andar a empujones por los pasillos de los comercios. Pero si está de moda el Black Friday, allá vamos. Que se nos note, que se nos vea… Tal vez nos encontremos con amistades que profesan la misma devoción que nosotros: caer en todas las redes.

Nuestra parte crítica la dejamos amordazada en algún rincón de nuestra mente, para que no nos agüe la fiesta. Porque hay que seguir las tendencias y no plantearse si lo que hacemos tiene sentido o sencillamente nos dejamos arrastrar como mansos corderillos. Aunque creo que hasta un cordero es capaz de desviarse de la manada para escoger el pasto más jugoso.



 (fotografía: Susana Benet)




lunes, 24 de junio de 2019

COMENTARIO




VERDOR Y VIDA

He regresado de Oviedo, donde el verdor está presente en cada rincón. No sólo en la ciudad, con ese hermoso parque de San Francisco, y en sus calles perfectamente arboladas, limpias, luminosas incluso en días nublados, sino también en las afueras, en  esas montañas que rodean la ciudad y pueden contemplarse desde el centro urbano, velando el horizonte. Es cierto que allí llueve y aquí no. Pero también es cierto que no había un solo árbol descuidado o sin podar. Ningún alcorque vacío.

Regreso a mi ciudad, me asomo a las ventanas y solo veo un jardín mutilado, huecos vacíos donde antes crecían frondosos árboles. Faltan dos en la acera frente a mi casa y otro en el seto central, una preciosa acacia de flores amarillas que talaron sin contemplaciones para trazar un carril bici. Seguramente las raíces entorpecían la obra y, claro, en lugar de desviar un poco el carril o resolver el problema de las raíces, prefirieron abatir el árbol que tanta sombra y frescor daba. Ellos deben saber… son jardineros y urbanistas, aunque tal vez el urbanismo goza de más favor que la jardinería. ¿Qué importa un árbol más o menos? Lo importante es el carril, que da imagen de ciudad civilizada, europea, vanguardista.

Pues bien, en el parque de San Francisco, en Oviedo, hay un árbol seco, un tronco deformado que se inclina hacia el suelo, pero que han conservado tal cual, apoyado en recios bloques de piedra para evitar su desplome. Han conservado el árbol, a pesar de todo. Han acudido al ingenio antes que abatir ese árbol sin vida, pero bello.

Anuncian que aumentará el calor este verano.  Arderá el asfalto sin sombra, las aceras, los pasos de cebra, las líneas que marcan los carriles, la tierra calcinada de los alcorques. Mientras bicis y patinetes pasan veloces ignorando que bajo sus ruedas antes crecía la vida.






(fotografías: Gabriel Alonso y Susana Benet)


domingo, 17 de febrero de 2019

COMENTARIO








ADIÓS JARDÍN

Había un jardín frente a mi casa. Un sencillo jardín con frondosas acacias de flores amarillas en el centro y setos laterales donde crecían arbustos y se alzaban majestuosos los cipreses. Al asomarme a las ventanas siempre contemplaba el espléndido verdor claro y oscuro de los árboles. Árboles que crecieron año tras año, hasta alcanzar tanta altura que casi ocultaban los edificios de enfrente. Había frescura, sombra, bullicio de pájaros y puntualmente se abrían las flores que, al desprenderse y caer, teñían la tierra de amarillo. Un paisaje cotidiano y entrañable que animaba el árido asfalto como un largo islote flotando entre el vaivén del tráfico.

Ahora siento tristeza si me asomo a la ventana. Han mutilado el jardín, han abatido los cipreses, arrancado los arbustos, talado una de las frondosas acacias para allanar el terreno que ocupará un ambicioso carril para ciclistas. No podían trazar una simple franja de cemento entre los árboles, tal vez sacrificando algún banco de madera. O haber eliminado un carril para los coches, como han hecho en otras avenidas. No. Había que realizar una obra ostentosa, de alto coste. En una época en que no paran de hablarnos de protección del medio ambiente, del previsible aumento de las temperaturas, veo con auténtica alarma cómo destruyen la mitad de un jardín (que ahora quedará asimétrico), cómo seccionan troncos sin miramientos, mientras montones de excavadoras, taladros y radiales levantan un polvo ponzoñoso a lo largo de la calle. Todo tiene un sentido, y es el de la ambición política y el despilfarro. Nada que reprochar a los ciclistas.

No me queda más que despedirme, día a día, del jardín, que nunca volverá a tener la frondosidad de antes (ese gran antídoto contra la contaminación), ni quedará espacio para el sosiego, ni pasearán los dueños a sus perros.  Habrá un ir y venir de bicicletas, patinetes y otros artilugios, mientras nos hacen creer que así la ciudad es un lugar más habitable.




(fotografía: Susana Benet)



sábado, 1 de diciembre de 2018

COMENTARIO




Hoy, primer día de diciembre, leo esta reseña que el poeta y crítico, José Luis García Martín, ha publicado en su blog "Crisis de papel", sobre mi último libro editado por Pre-Textos. Deseo compartir con todos quienes me visitáis estas palabras que me alegran y emocionan.

Don de la noche
Susana Benet
Pre-Textos. Valencia, 2018.

 Susana Benet es conocida principalmente por sus libros de haikus, ese poema-estrofa de origen japonés que ha invadido todas las lenguas occidentales y al que tan propensos son, por su facilidad engañosa, tantos aprendices de poeta, tantos poetas ocasionales.
            El haiku se muestra más propenso a la mixtificación que cualquier otro género poético. Incluso al lector experimentado le cuesta a veces distinguir (recordemos el tan citado haiku de Basho sobre el salto de la rana) entre una nadería y una obra maestra.
            Susana Benet ha conseguido el milagro de que sus haikus resulten inconfundibles. No hay en ellos ningún pastiche orientalizante: se limitan a reflejar su cotidianidad con una mirada distinta; a ver, como quería Blake, el universo en un grano de arena, toda la belleza del mundo en un tiesto con flores.
            Cuando no escribe haikus, Susana Benet conserva el espíritu sugerente y minimalista de sus diecisiete sílabas. No hay apenas anécdota en los breves poemas de Don de la noche, solo una mirada asombrada y sabia sobre la realidad de todos los días.
            Leves acuarelas paisajísticas parecen muchos de estos poemas. “Impresión de la mañana” se titula el primero de ellos: “Están rotas las nubes. / Un manto desgarrado cubre el cielo. / Las ramas de los árboles desnudos / atraviesan los pálidos jirones. / Una dulce quietud invade el aire / tras semanas de viento enloquecido. / Las plantas en sus tiestos / parecen dormitar agradecidas / por esa amable tregua / que sumerge las hojas y las flores / en luz apaciguada”.
            Ese “viento enloquecido” lo volvemos a encontrar en el poema “Vientos”, en el que la autora explicita lo que el lector ya había adivinado:  que todo paisaje, como afirmó Amiel, es un estado del alma: “Cerradas las ventanas / se agita en mi interior / otro viento que agita y acelera / el paso silencioso de las horas”.
            Lo mismo podemos comprobar en “Otro día” (“Otro día en que el viento / zarandea las ramas de los árboles…”), cuya segunda parte contrasta con la objetividad descriptiva de la primera: “Parece que ese viento / arranque de mi mente las ideas, / las agite en furioso torbellino / y las aleje de mí como los pétalos / que no llegan jamás a despuntar”.
            La terraza de su casa, ese ámbito a la vez interior y exterior, constituye el escenario de la mayor parte de los poemas de Susana Benet. En el que se titula precisamente “La terraza” nos describe ese pequeño universo, con su “hondo silencio vegetal”, el gato que dormita, las nubes que van cubriendo el cielo, y donde ella, “una mente que observa”, se siente de pronto “un cuerpo extraño”.
            Ese gato que dormita reaparece en varios poemas, acentuando la sensación de interior doméstico. En “Sonora mañana”, poema construido todo él sobre la sinestesia, “traza sobre el aire / la nota musical de su maullido”; en “Gato cazador” –otra mínima maravilla– vigila agazapado la mano que escribe “como si / pudiese alguna letra / saltamontes / alzar de pronto el vuelo”.
            No podía faltar la presencia de la muerte en este doméstico paraíso. “Chaqueta” y “Adormecida” evocan a seres queridos en la ropa que aún les sobrevive o en el recuerdo de una costumbre familiar. Menos anecdótico, pero no menos memorable, resulta “Ausencia”.
            Muchos de lo poemas de Susana Benet parecen hechos de nada, de palabras cotidianas, se resisten al análisis, no acertamos a encontrar dónde está su misterio. El lector apresurado puede ver solo una banalidad, una enumeración de consabidos tópicos en “El día”: “Qué pronto la mañana / se ha convertido en tarde. / En los cercanos árboles / ya palidece el sol. / Llega la noche. / Otro día que pasa / rozándome los ojos, / donde dura un instante / el brillo de la luna”. No hace falta ni una palabra más para reflejan toda la fugacidad y la belleza de la vida, de cualquier vida.
            Hay libros de poemas que no necesitan recomendación ni exégesis, que funcionan –al contrario que tanto arte contemporáneo– sin prospecto, sin excipiente teóricos. Basta abrir Don de la noche por cualquier página  –“Llegada”, “Tu mano entre las flores”– para sentirse seducido por una poesía que acierta a reflejar sin énfasis retórico ni rebuscamientos léxicos, con las menos palabras posibles, la magia, el misterio, el asombro de la cotidianidad.



martes, 16 de octubre de 2018

SEIS AÑOS SIN PARRA







Hoy se cumplen seis años desde que el poeta José Luis Parra nos dejó, desapareció como solía hacer durante horas y días cuando la luz de las mañanas lo reclamaba. Como un pájaro diurno recorría calles y jardines, sin rumbo, emborrachándose de libertad. Se detenía en sus bares favoritos para charlar con amigos, conocidos o con cualquier extraño que supiera seguir el hilo de su pensamiento. De pronto hacía pausas para escribir unos versos sobre una servilleta de papel que luego, arrugada, guardaba en sus bolsillos. Todo el día en pie, inquieto, infatigable, hasta que vencido, de madrugada, se tendía sobre un banco de madera, como una delgada sombra entre los arbustos de algún parque urbano. Conversaba con mendigos a la puerta de las iglesias, los llamaba por sus nombres y compartía con ellos su tabaco. También era bienvenido en los palacios donde la voz de un conserje lo anunciaba, como se anuncia una llegada ilustre.

Ahora reposa en un pequeño cementerio de Quart de Poblet, en un oscuro nicho, mientras la luz de sus versos no se extingue.



(fotografía: Susana Benet -  José Luis Parra - Segovia, 2000)

(poema manuscrito de José Luis Parra. Publicado en: Tiempo de renuncia - Pre-Textos, 2004 y en Cimas y abismos - Renacimiento, 2012)




sábado, 16 de diciembre de 2017

FELICIDADES

A todos quienes seguís este blog, con o sin comentarios, os deseo unas Felices Fiestas y que en el Año 2018 se cumplan vuestros deseos.




Acaba el año:
con el viento retumba
el cielo inmenso.


              (Guiodai)




Un abrazo,
Susana


(acuarela: Susana Benet)







jueves, 20 de julio de 2017

COMENTARIO








FALTAN ÁRBOLES

Recientemente todo son noticias sobre incendios. Los informativos no paran de mostrar enormes bosques invadidos por las llamas. Negras humaredas ocultando el horizonte. Personas evacuadas. Carreteras cortadas. Señalan que algunos incendios pueden ser intencionados. No puedo imaginar que alguien disfrute destruyendo naturaleza. Pero tampoco me extraña tanto si observo cómo el cemento se apodera de nuestras ciudades, ante la mirada impasible de la mayoría.

Vivimos en espacios donde predominan edificios, muchos de ellos mastodónticos, feos, vulgares, desnudos. Qué pocas personas se toman la molestia de cultivar plantas en los balcones, en las terrazas. Es deprimente contemplar fachadas y fachadas en las que predomina el ladrillo, el acero y el cristal. Tampoco crecen muchos árboles en las aceras. En algunas calles, están ausentes En otras, observamos que el espacio destinado a un árbol, aparece seco, sin vida. Tal vez el árbol murió, pero nadie lo repone.

Existen los jardines, pero están contenidos en espacios limitados. ¿Por qué no convertir la ciudad en jardín? Muchos reyes lo hicieron en la antigüedad. Ellos, más sensibles tal vez que nosotros, deseaban rodearse de belleza y salud. Y nada mejor que la vegetación.

Cuando paseo por nuestras calles, echo en falta esa vegetación que nos aporta oxígeno, belleza, sombra y frescor en los tórridos veranos. Nos faltan árboles, plantas en las fachadas, jardines en cada solar baldío. Y no creo que deba ser responsabilidad exclusiva de nuestras autoridades. Es cierto que ellos se ocupan oficialmente del tema, pero nosotros también somos parte implicada y no parece inquietarnos demasiado que la ciudad esté tan desprovista de vida vegetal. Podríamos aumentar el verdor de nuestro entorno por propia iniciativa, cultivando macetas en ventanas y balcones. Algo fácil y económico que embellecería esas tristes fachadas áridas y desnudas. Sería una medida personal y comprometida, una forma de enfrentarnos a la desertización que, poco a poco y de manera implacable, venimos sufriendo.





(publicado en revista El Inconformista)

(fotografía: Susana Benet)


lunes, 20 de marzo de 2017

COMENTARIO





El poeta Jesús Aguado ha publicado, con motivo del día de la poesía, un artículo sobre haiku, aparecido ayer en La Opinión de Málaga, en el que me dedica unas cuantas líneas que le agradezco. Dejo aquí el enlace:


http://www.laopiniondemalaga.es/opinion/2017/03/19/dia-mundial-poesia/917485.html


(fotografía: de Internet)

domingo, 30 de octubre de 2016

HUSO HORARIO EQUIVOCADO





Siguiendo con el tema del "cambio de hora", y a pesar de que oscurece muy pronto, (aunque en verano los días no terminan nunca y es difícil dormir con tanta luz y calor), quiero incluir aquí un manifiesto sobre la conveniencia de regresar al huso horario que nos corresponde por situación geográfica (el de Greenwich) y que se cambió en el año 1942 por "simpatía" con el régimen nazi. Ya solo por esa razón, deberíamos rechazar lo que nos impusieron. Al menos, es mi opinión.

Ahora tenemos un desfase de una hora con respecto a nuestra hora solar. Pero en verano, todavía nos alejamos más, dos horas. Esto afecta a nuestra salud y a nuestro reloj biológico, entre otras cosas.

No se trata solo de mi opinión, sino de algo que está siendo reivindicado por una organización que promueve la racionalización de los horarios: ARHOE.

Agradeceré comentarios. Aquí dejo el enlace:

http://www.horariosenespana.com/images/NOTA_DE_PRENSA-NO_AL_CAMBIO_DE_HORA_17.03.16.pdf




(fotografía: Susana Benet)


sábado, 26 de marzo de 2016

CAMBIO DE HORA

Cambio de hora: así nos beneficiaría que nadie modificara su reloj esta noche





De nuevo nos quieren modificar el horario, con dos horas de desfase con respecto a la luz solar. Algo en lo que no estoy de acuerdo, como muchas otras personas y organizaciones. No se ahorra nada y es un trastorno para nuestra salud.


Así lo expresa este articulo:

Con el restablecimiento de la Hora Europea Occidental, se volvería a un horario más europeo, en el que los ciudadanos se seguirían levantando a la misma hora de ‘reloj’, pero en realidad una hora (solar) más tarde; se comería y cenaría en un horario más internacional, a la una y a las ocho de la tarde; se fomentaría la jornada continuada de nueve a seis, con una parada de una hora para comer a mitad de la jornada laboral; y se dormiría una hora más, lo cual es beneficioso para la salud y provocaría una disminución de la siniestralidad laboral.

Asimismo, la mejor alineación del horario laboral con los colegios mejoraría el rendimiento escolar; y una mejor alineación con horarios laborales de otros países, entre otros avances.

Puedes leer todo el artículo en este enlace:

http://www.lavanguardia.com/vida/20160326/40687364113/cambio-de-hora-beneficios-reloj.html

También se puede encontrar información en contra de esta medida en otro artículo reciente:

ARHOE-Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles ha vuelto a manifestar su oposición al cambio de hora de este fin de semana, cuando los relojes se adelantarán una hora, ya que, a su juicio, esta medida perjudica a la sociedad al tiempo que defiende que continuar con el horario actual supone regresar al meridiano de Greenwich a un 'coste cero'.
"Vamos a seguir pidiendo que no cambie el horario porque es bueno para todos y porque realmente tiene un coste cero", ha asegurado Belén Ferrer, de la Junta directiva de ARHOE, en declaraciones a Europa Press. Según la asociación, de no producirse el cambio, se lograría que España volviera a regirse por el huso horario que le corresponde por situación geográfica, el del meridiano de Greenwich.
Este es el enlace del artículo completo:
http://eldia.es/nacional/2016-03-22/25-ARHOE-recuerda-seria-mejor-adelantar-hora-domingo.htm
Por mi parte, no pienso cambiar la hora en las agujas de mis relojes, como una medida de resistencia a una imposición con la que no estoy de acuerdo en absoluto. Me levantaré y acostaré a mi hora acostumbrada y si me desoriento me guiaré por el horario de Canarias. ¡Es una opción! Muchos protestamos por estos cambios de hora, pero nadie hace nada, y menos los partidos políticos, precisamente ahora que hay tantos, pero ninguno se implica seriamente en esta cuestión.
Pertenecemos a la Europa Occidental, no a la Central. A ver si nos enteramos... Nos alinearon con el régimen nazi y así seguimos... 

 Huso horario en España: España se encuentra en el huso horario UTC+0 pero desde 1942 utiliza el huso UTC+1 (excepto las Islas Canarias), ya que Franco quería que España tuviera la misma hora que sus aliados, Alemania e Italia.

Los otros países que adoptaron ese huso, después de la guerra volvieron al que les corresponde, "excepto España".
(Si tampoco estás de acuerdo con esta medida, déjame un comentario)

sábado, 19 de diciembre de 2015

LA ENREDADERA





Acaba de aparecer en Renacimiento una antología que recoge mis haikus reunidos bajo el título "La enredadera".  Un proyecto que partió del editor, Abelardo Linares, y que ahora, por fin, llega a mis manos. Hoy, precisamente, José Luis García Martín ha publicado una reseña en el suplemento Cultural de El Comercio (Gijòn) y también en su blog "Crisis de papel".  Por su parte, José Luis Morante le dedica una extensa y cuidada reseña en su blog "Puentes de papel". Dos magníficos regalos de Navidad que agradezco y que deseo compartir con amigos y seguidores de "Noches Blancas".

Copio aquí ambos enlaces:

http://crisisdepapel.blogspot.com.es/2015/12/susana-benet-minimas-maravillas.html

http://puentesdepapel56.blogspot.com.es/2015/12/susana-benet-la-enredadera.html#comment-form

Salud y felicidad a todos!!!!


domingo, 11 de octubre de 2015

HUSO EQUIVOCADO






Dentro de poco volveremos a cambiar la hora. Así está asumido por todos, pero el problema está en el huso horario que empleamos, un tema que me preocupa porque, según leo en este artículo (algo que muchos tienen claro pero nadie se decide a cambiar), vamos adelantados con respecto a la luz solar. Estoy segura de que ese desfase no es bueno para mi cabeza ni para la de nadie. Dejo aquí un fragmento del artículo (publicado en ABC en agosto 2015):

En España se desayuna temprano, como en otros países, pero la hora de la comida no es hasta las 14:30 aproximadamente, y la hora de la cena suele ser más tarde de las 21.00Los españoles tienen un ritmo diferente no solo a Europa, sino al mundo entero. 
Lo curioso es que el motivo no es que somos diferentes, sino que la culpa reside en nuestros relojes. Cuando el Sol está en lo más alto (12 del mediodía según la hora solar), en España los relojes marcan las 13.30. ¿Por qué sucede esto? Franco adelantó una hora los relojes españoles para estar en sintonía con la hora de Alemania, por lo que hasta 1940 los relojes de España marcaban una hora menos que la actual y habían vivido acordes al horario del meridiano cero. Por este motivo los españoles tenemos una hora más que Portugal estando en el mismo huso horario. España va una hora por delante del tiempo solar en invierno y dos horas durante el verano. Además, somos los únicos europeos que vivimos con la hora desajustada con respecto a las horas de luz y de oscuridad.




(fotografía: Susana Benet)





viernes, 18 de septiembre de 2015

NOTICIA

 Una mujer con un libro realizado de manera artesanal en el marco de la IX Fiesta del Libro y la Cultura en Medellín (Colombia). EFE


Ha aparecido una reseña sobre la editorial Frailejón y su apuesta por el libro-objeto. Una opción muy interesante en esta era digital, en la que el libro en papel no pierde protagonismo.

El artículo puede leerse en este enlace:

http://www.diariolasamericas.com/5051_portada-america-latina/3343086_libros-artesanales-en-era-digital-la-apuesta-de-dos-editoriales-colombianas.html


(imagen: Diario Las Américas)



viernes, 4 de septiembre de 2015

DAOREN








La atmósfera de primavera hace que el corazón y el espíritu de la gente se relajen, pero no es tan buena como la blancura de las nubes y la claridad del viento otoñal, la fragancia de las orquídeas y de las casias, el agua y el cielo que uno colorea, arriba y abajo, vacío y brillante, que hacen puros los espíritus y los huesos de la gente.



(de: Retorno a los orígenes - Huanchu Daoren - Edit. EDAF)

(acuarela: Susana Benet)


lunes, 22 de diciembre de 2014

FELICITACIÓN


A todos los que seguís este blog, a los amigos, colegas, curiosos y a los despistados que han entrado por casualidad, a todos os deseo unas felices fiestas y un futuro lleno de paz y alegría.






miércoles, 26 de noviembre de 2014

COMENTARIO








GATOS

Son los gatos seres impacientes. Me recuerdan a mis antiguos jefes, tan atentos al horario, estrictos, sigilosos, controladores. Desde su mudo hermetismo lo quieren saber todo y, al igual que aquellos petimetres de traje y corbata, los gatos, a pecho descubierto, merodean por la cocina vigilando mi trabajo y reclamando una parte del festín. Les encanta patear lo que está limpio y perfumado para afirmar su presencia. Curiosean también las páginas que leo, como aplicados contables. Capaces son de aguarme la acuarela, pues saltan sobre el papel sin previo aviso. Patrones exigentes, me sacan del sueño con sonoras artimañas: desde el maullido bajo, a la queja insistente o al oportuno tropiezo con objetos que, ruidosamente, caen al suelo. Con artes parecidas, anuncian que ya es hora de acostarse. Intuyen, con gran exactitud, el preciso momento en que me vence el sueño para saltar, furtivos, a la cama. Y entonces se acomodan en las piernas, o trepan a las caderas, agarrándose con terquedad de lapa. Dicen de ellos que son independientes, insociables, incapaces de establecer lazos afectivos. Yo diría más bien que son como parientes pesados, zalameros, que reclaman su derecho a compartir casa y comida. Les ofende el desaire y agradecen los abrazos.  Su plácido ronroneo alivia las tensiones y nos relaja como el mejor ansiolítico. Son ejemplo de elegancia y dignidad. Reacios a la obediencia, desdeñan a los intrusos y olfatean prudentes el peligro. Sutilmente nos ofrecen esta sabia enseñanza: ser más cautos y exigentes con nuestros amos.



(fotografía: Susana Benet)